Es de sobra conocida la polémica por la violación de la intimidad de los coches fotógrafos de Google. Su aplicación Street View ha sido acusada de no respetar la intimidad de los viandantes, mientras que desde Google se defiende la utilidad de su servicio.
Quejas de los ciudadanos alemanes
En Alemania, país en el que las leyes sobre privacidad son más estrictas que en el resto de países europeos, los ciudadanos han recurrido al Gobierno para impedir que los coches de Google recorran sus calles fotografiándoles. Y así ha sido: Street View tiene la entrada a Alemania vetada. Al menos, por un tiempo.
Google tendrá que vender mejor su aplicación y mejorar aquellos aspectos que suponen una violación de la intimidad de la gente que pasea por las aceras. Pero además, la agencia de protección de datos avisó de que el gigante informático registraba, con el coche de su aplicación online, dónde se encontraban los routers y redes inalámbricas. Esto ya fue la gota que colmó el vaso en el país germano.
El gigante de la tecnología informática justificó su actitud, explicando que es necesario para “construir nuevos servicios y mejorar los ya existentes”. Esto, traducido a un idioma no empresarial, significa que utilizan los datos de la gente, sin pagar, para hacer más atractivo un servicio que venden y con el que ganan una pasta gansa. Más claro: se viola la privacidad para ganar dinero.
Está claro que los avances tecnológicos han traído cosas buenas para las personas, pero esto no significa que se deba justificar todo por el bien de las nuevas tecnologías. Un error que se comete muy a menudo, sin duda por el efecto de la comunicación (manipulación) externa de las empresas de tecnología informática, es considerar que ofrecen sus servicios de una manera altruista y que, por ello, todos debemos contribuir a ello -aunque suponga una violación de nuestra intimidad-, sin recibir nada a cambio. Por ahora, Google no ha conseguido engañar a los alemanes.
